divendres, 26 de maig de 2017

Tres razones para apoyar la independencia de Catalunya

Foto de Marta Pérez
Palabras pronunciadas ante el Comité Central del Partit dels i les Comunistes de Catalunya, el 14 de septiembre de 2012.

TRES RAZONES PARA APOYAR LA INDEPENDENCIA DE CATALUNYA
Manuel Delgado

Creo que el punto de partida es algo en lo que estaremos de acuerdo. En términos de actualidad, es evidente que la movilización del pasado 11 de septiembre tuvo su punto de partida en la voluntad de Convergència i Unió de escabullir su responsabilidad en la depauperación que sufren las clases populares y el desguace general de lo que un día pretendió ser el estado del bienestar. Lo sabemos bien. Pero esa evidencia no puede escamotear otra: la de que, por causas diversas que no puedo resumir y de las que no estoy ni siquiera seguro, las ansias de emancipación nacional han crecido y continuarán creciendo cada vez más, hasta devenir pronto, si no han devenido ya, mayoritarias. A ello hay que añadirle que un crecimiento no menos intenso del nacionalismo español y del descrédito que desde él se proyecta sobre el modelo autonómico, hace que, de todas, nuestra opción actual, la federalista, sea la de más improbable realización en este momento. En cuanto pueda intentaré mostrar este proceso como un ejemplo de lo que en antropología se conoce como "cismogénesis". 

También es cierto que ese aumento incesante de la voluntad de un marco político no dependiente de España y la movilización popular que está conllevando no tiene contrapeso, es decir que no existe una fuerza ni remotamente equivalente que se oponga de manera explícita y menos organizada a ellas. El rechazo a la dinámica independentista en que estamos inmersos –y en la que los y las comunistas participamos el pasado martes, porqué estuvimos físicamente en su expresión en las calles– está relegada aquí, al menos por ahora, a la derecha neofranquista y a pequeños partidos de signo ultranacionalista español. Ese factor aleja la inquietud por un eventual enfrentamiento social entre dos supuestas mitades del pueblo catalán. En la práctica, y en relación con este motivo, existen dos grandes mayorías en Catalunya: la de un amplio espectro catalanista cada vez más escorado a favor de la independencia y la de una masa de ciudadanos/as que al menos en apariencia, y por el momento, se mantienen ajenos e indiferentes al proceso y no le presentan resistencia, lo que de hecho funciona como un visto bueno a la consecución de sus resultados lógicos, es decir a la segregación definitiva del Estado español.

Continuo pensando que la mencionada opción federalista -la nuestra- es la más razonable, pero hay que prever la probabilidad que esa "tercera vía" acabe siendo del todo impracticable. Por mucho que no nos guste, la dinámica de los hechos hará que una bisagra entre neocentralismo y separatismo, a favor de una redefinición federal de la estructura del Estado, no encuentre espacio y quede atenazada e irreconocible entre una dialéctica sí/no, dentro/fuera, que es la que puede arrastrar al hundimiento a los socialistas y a quien quiera escapar de ella, con el riesgo incluso de que quienes se resistan o la ignoren acaben apareciendo alineados con las tesis anticatalanistas. Ni siquiera tenemos la garantía de que una eventual consulta popular vaya a dar cabida a esa alternativa intermedia. En un choque de trenes como el que se prevé, la peor de las suertes es la de quienes tengan la fatalidad de quedar  enmedio. Llegado el caso, la renuncia por insostenibles a las posiciones federalistas a favor de las independentistas en el seno del PCC y de EUiA –que tarde o temprano, ahora o más adelante, se tendrá que producir o cuanto menos plantear– podría estar justificada por como mínimo tres motivos.

1. Impedir a toda costa que CiU parasite a favor de la oligarquía financiera que representa la energía de una mayoría social que es precisamente su víctima. Igual que pasó con el 15M, la tarea de la izquierda revolucionaria es la de tratar de dar sentido crítico y transformador a fuerzas sociales que las circunstancias sociales –no siempre desencadenadas por ella– han puesto en movimiento. Mantenerse al margen y no digamos entorpecerlas es una insensatez y una irresponsabilidad imperdonables. Es decir, se trata de reconocer que se ha desatado un movimiento popular que CiU pudo haber alentado en principio, pero que ahora está claro que se la ha ido de las manos y ya no controla. Sintetizar y racionalizar ese anhelo colectivo y convertirlo en potencia para el cambio no sólo político, sino también social, exige de los/las comunistas una presencia activa en orden a proveerlo de congruencia ideológica y eficacia histórica.

2. Es presumible que la derecha nacionalista gobernante en Catalunya planee convocar pronto elecciones anticipadas. En esa tesitura, la intención de CiU será plantear esa cita electoral como un plebiscito a su favor. Pero, ¿a quién votarán los amplios sectores comprometidos en todo tipo de luchas sociales y víctimas de los recortes pactados por las derechas española y catalana? El PSC aparecerá como un partido debilitado por sus propias contradicciones y no será atractivo ni en nombre de las vindicaciones sociales en curso ni de los sectores unionistas de la población, que preferirán refugiar su voto en la derecha españolista que encarna el Partido Popular. 

La opción política que se enfrente electoralmente a la derecha nacionalista habrá de asumir la tarea de formalizar políticamente no sólo el estado de ánimo independentista, que es ya como un medio ambiente general, sino las luchas contra los recortes en sus diferentes frentes y los contenidos de impugnación del capitalismo implícitos en el 15M, que también estuvieron presentes en la manifestación de la pasada Diada. La proliferación en ella de esteladas con nuestra estrella roja de cinco puntas es una prueba de que una parte importante de manifestantes estaban reclamando una Catalunya no sólo libre, sino también socialista.

La lucha social y de clases deberá ir de la mano de la reclamación independentista, lo que sólo será posible bajo el formato de una alianza de fuerzas políticas en las que el patriotismo de izquierda y su ideario tendrán un papel estratégico, como lo han venido teniendo hasta ahora en la mayoría de movilizaciones populares. La unidad entre las expresiones políticas históricas de la clase obrera y los sectores en lucha y las del independentismo progresista es indispensable para ofrece una alternativa electoral a las pretensiones del nacionalismo catalán de derechas de aprovecharse de una movilización social que le debería ser hostil.

3. Otra razón importante para acabar con la indefinición y asumir la independencia nacional como objetivo propio, es la de la urgencia clarificadora. Se trata de lo siguiente: el escenario natural para la acción política de la izquierda es la lucha de clases y la pugna por poner el aparato de poder al servicio de las necesidades de las mayorías, y no de una minoría privilegiada como hasta ahora. Ese marco –lucha de clases y por el Estado– aparece hoy permanentemente distorsionado aquí por lo que podríamos llamar el “factor nacional”. Ese elemento se introduce como una cuña en los combates y los discursos sociales, desfigurando sus reclamaciones y obligándolas a pasar por un filtro sentimental que concilia clases sociales con intereses antagónicos.

Además, el discurso nacionalista conservador en Catalunya aparece infectado por todo tipo de connotaciones románticas, esencialistas, cuando no abiertamente racistas, connotaciones con las que los y las comunistas no podemos estar sino en guerra abierta.  Tanto por ese factor distorsionador como por las implicaciones reaccionarias que se derivan de cierta manera de entender la “cuestión nacional”, liberarse de ella es algo de la máxima urgencia. En el momento actual, es prioritario aliviar ese lastre y restablecer como eje el derrocamiento del capitalismo. Para ello es indispensable desactivar los argumentos nacionalistas, lo que –aunque pueda antojarse paradójico– sólo es posible hoy en un contexto de independencia total de la nación catalana. Es en ese marco en el que la derecho nacionalista no tendrá más remedio que devenir derecha a secas y la izquierda independentista será o podrá ser simplemente de izquierdas. En otras palabras, lo que se debe oponer a unos nacionalistas catalanes que han sido tradicionales aliados de la peor derecha española, responsables de la ruina de la sociedad y profundamente reaccionarios en su ideología, es la lucha por una Catalunya liberada de España, pero sobre todo de ellos. 




¿Es usted un verdadero 'inmigrante'?

Fotografia obtenida por Noelía Ramos en Melilla y publicada en lavanguardia.com el  17/10/12
 Billete publicado en El Periódico de Catalunya el 30/12/2002

¿ES USTED UN VERDADERO “INMIGRANTE”?
Manuel Delgado

Es usted extranjero; ha venido de otro país a trabajar y vivir entre nosotros; tiene otras costumbres y quizas otra religión. Está bien, pero eso no basta para ser un verdadero inmigrante. ¿Usted lo es?

Para saberlo responda a este test. ¿Es usted pobre? ¿Está sometido a formas inconcebibles de explotación laboral? ¿Tiene problemas para alquilar una vivienda, en la que tendrá que hacinarse con otros como usted? ¿Le repiten una y otra vez que es un intruso, ya que nadie le ha invitado a venir? ¿Teme encontrarse en un lugar solitario con un grupo de cabezas rapadas? ¿La policía le podría detener para encerrarlo, a pesar de no haber cometido delito alguno? ¿Le han etiquetado como “minoría étnica” y le invitan a exhibirse en fiestas de la diversidad y otros circos por el estilo? ¿Se empeñan en darle "comprensión", "tolerancia", "diálogo cultural", cuando lo que usted reclama son derechos? 

Si ha contestado negativamente a la mayoría de estas preguntas, no presenta los signos del auténtico y genuino "inmigrante". Sólo es un simple residente extranjero. 

dijous, 25 de maig de 2017

Sobre la descripció

La fotografia és de Saul Leiter
Comentari per a Laia Serós, estudiant del màster en Antropologia i Etnografia de la UB

SOBRE LA DESCRIPCIÓ
Manuel Delgado

Has de dedicar un espai a referir-te a que si el que ens interessa del nou periodisme és com recull l'herència del naturalisme –per mi el gran referent literari de l'etnografia, més encara que el realisme– és per la seva preocupació per la descripció. La qüestió de la descripció és del tot fonamental, perquè la preocupació central per l'observació directa ho és també per la descripció, aquest tràmit sense el qual és impensable tant la comparació com l'elaboració teòrica que constitueixen l'antropologia mateixa com a disciplina amb aspiracions científiques. La descripció és, en efecte, el suport material, la infraestructura documental de la qual depenen tant la comunicació com la discussió i el control d'allò observat en qualsevol disciplina experimental.

Recorda –i aplica al teu terreny– que la descripció consisteix en un conjunt d'enunciats que se suposa que remeten a una experiència. S'entén així mateix que la descripció és una cosa que pot distingir-se de l'avaluació i de la prescripció i que s'homologa com a llenguatge d'observació o protocol d'experiència dels que s'extreuen les condicions lògiques i empíriques d'un constructe teòric qualsevol. Però la descripció no es confon amb els enunciats teòrics que se'n derivin. La descripció té un valor propi.

A una institucionalització del sintagma narratiu que suposen les tècniques d'investigació i interpretació avui hegemòniques –submissió de l'observació al discurs científic en cada moment dominant– Barthes li oposava el valor de la descripció, que pugna -potser sense aconseguir-ho del tot, però intentant-ho com fos- per no obeir a cap marca predicativa, assumint una vocació abans de res analògica, organitzant-se com una estructura que és una suma, sense trajecte d'elecció, a la deriva, absolutament oberta davant del que hi és, davant els sentits. Això ho tens a R. Barthes, "El efecto de lo real", en G. Lukáks et al. Polémica sobre realismo. Ediciones Buenos Aires. Barcelona, 1982, pp. 139-156

Tal voluntat per restaurar la dignitat i l'eloqüència dels fets, alienada per la submissió als paradigmes científics de moda, té molt alhora d'evocació i d'invocació de la predisposició metodològica proposta fa ja tant, en l'arrencada mateixa de l'antropologia contemporània , per Boas i Malinowski i, abans que ells, per l'anomenada Escola de Cambridge -Haddon, Rivers, Seligman-, amb la seva distinció entre l'observació empírica dels fets i les inferències de l'estudiós. Llegeix-te la introducció a Els argonautes. Malinowski relata com, un cop aconseguit que la seva presència passés desapercebuda, cada matí "sortia de la meva mosquitera, veia com la vida al poblat començava a desvetllar-se al meu voltant o com la gent ja estava atrafegada en els seus quefers segons l'hora i també segons l'època de l'any ... a mesura que feia el meu passeig matinal pel poble, podia observar detalls íntims de la vida de família, de la condició personal, de la cuina i dels menjars; podia veure els preparatius del treball quotidià, gent que anava a fer els seus encàrrecs o grups d'homes o dones ocupats en alguna de les seves tasques productives. Baralles, acudits, escenes familiars, esdeveniments en general trivials, de vegades dramàtics, però sempre significatius, constituïen l'ambient de la meva vida diària com de la seva. "

Aquesta predisposició naturalista que l'etnògraf i el nou periodista comparteixen deriva d'una concepció constructivista de la vida social, que la veu mòbil i composta, embastada per una trama poc menys que inextricable d'interaccions i en què els interessos i les representacions es concreten, com establia Radcliffe-Brown en un ordre fet "d'esdeveniments particulars". Així doncs la descripció és la que proporciona les dades de la ciència. Aquesta perspectiva no reconeix l'existència d'un ordre social preexistent, com la sorra sobre la qual es desenvolupen els fenòmens i que organitza formalment les accions a priori i les dota de significat, sinó una armadura provisional i incompleta que no pot ser contemplada sinó en vibració . L'observació es planteja llavors com una captació pràctica i amb prou feines formulada d'un món entès com activitat: el món-acció.

La restauració d'una antropologia naturalista ha estat formulada per Frederik Barth a  Balinese Worlds (The Chicago Univesity Press. Chicago, 1993), en contraposició en gran mesura a l'autorisme postmodern. Mira't, J.-M. Borel, "Le discours descriptif, le savoir et les signes", a J.-M. Adam et al. Le discours anthropologique. Payot Lausanne. París, 1996, i, sobre tot, F. Laplantine, La description etnographique, Nathan, París, 1996.

Ara em ve al cap el que ens deia sempre en Claudi Esteva Fabregat que, a les seves classes, i evocant la figura fundadora de Franz Boas, ens remarcava una i altra vegada que l'etnologia era, sobretot, un naturalisme, és a dir una disciplina que estudia el comportament d'éssers de la natura, amb la sola diferència que l'antropòleg no només s'observa una determinada forma de vida social, sinó que participa de i en ella.




diumenge, 21 de maig de 2017

Lectura recomendada. Henri Lefebvre, El derecho a la ciudad (Capitán Swing, 2017)

Lectura recomendada. Henri Lefebvre, El derecho a la ciudad. Presentación de Ion Martínez Lorea. Introducción de Manuel Delgado. Traducción de Ion Martínez Lorea, J. González-Pueyo
Capitán Swing, Madrid, 2017.

El derecho a la ciudad no es una propuesta nueva. El término apareció en 1968, cuando Henri Lefebvre escribió El derecho a la ciudad tomando en cuenta el impacto negativo sufrido por las ciudades en los países de economía capitalista, con la conversión de la ciudad en una mercancía al servicio exclusivo de los intereses de la acumulación del capital. Como contrapropuesta a este fenómeno, Lefebvre construye un planteamiento político para reivindicar la posibilidad de que la gente vuelva a ser dueña de la ciudad. Frente a los efectos causados por el neoliberalismo, como la privatización de los espacios urbanos, el uso mercantil de la ciudad, el predominio de industrias y espacios mercantiles, se propone esta perspectiva política.

Tomada por los intereses del capital, la ciudad dejó de pertenecer a la gente, por lo tanto Lefebvre aboga por «rescatar al ciudadano como elemento principal, protagonista de la ciudad que él mismo ha construido». Se trata de restaurar el sentido de ciudad, instaurar la posibilidad del «buen vivir» para todos, y hacer de la ciudad «el escenario de encuentro para la construcción de la vida colectiva». Esta vida colectiva se puede edificar sobre la base de la idea de la ciudad como producto cultural, colectivo y, en consecuencia, político. La ciudad es un espacio político donde es posible la expresión de voluntades colectivas, es un espacio para la solidaridad, pero también para el conflicto.

Diferencia entre "marca" y "modelo" de ciudad

La imagen es de Joan Vendrell
Nota para Elvia Torres, estudiante de diseño de la UNAM

DIFERENCIA ENTRE "MARCA" Y "MODELO" DE CIUDAD
Manuel Delgado

Te mando algunas cosas que te pueden servir para empezar a trabajar con la bibliografía. Tienen que ver con lo que se denomina márquetin urbano, que es un concepto del que al primero que le leí empleándolo fue a Michel Wierioka, en “Le marketing urbain”, publicado en Espaces et sociétés, 16 (noviembre 1975), pp. 109-123. Creo que es suya la noción, porque no la he visto aludida en nada anterior.

Lo importante para entender el valor del concepto "marca" es que está asociado a lo que David Harvey ha llamado la urbanización del capitalismo, la manera cómo las grandes dinámicas de mutación urbana son gestadas y gestionadas desde la lógica neoliberal, es decir a partir de los principios de un capitalismo que le exige al Estado la reducción al máximo a su papel de arbitraje económico y atención pública, pero que le asigna un papel clave como su cooperador institucional, tanto por lo que hace a la represión de sus enemigos —reales o imaginados— y la contención asistencial de la miseria, como a la producción simbólica y de efectos especiales al servicio del buen funcionamiento de los mercados. De tal alianza entre penetración capitalista y políticas públicas resulta una transformación de la fisonomía tanto humana como morfológica de muchas ciudades, consistente en favorecer la revitalización como espacios-negocio de barrios céntricos o periféricos que fueron populares, o de antiguas zonas industriales o portuarias ahora abandonadas, que se recalifican como residenciales "de categoría" o se colocan al servicio de las nuevas industrias tecnológicas y cognitivas. Esos macroprocesos de transformación urbana suponen consecuencias sociales que se resumen en una ley que raras veces no se cumple: rehabilitar un barrio es inhabilitar a quienes fueron sus vecinos para continuar viviendo en él. O, dicho de otro modo: reformar es expulsar.

Ahora bien, todo ello ha de ser acompañado de actuaciones que invocan altisonantes principios abstractos, irrevocables y universales, entre los cuales destaca el de la cultura, entendida como una instancia en cierto modo sobrehumana y con capacidades casi salvíficas s0bre quienes entran en contacto con ella. Es importante que al resultado de las intervenciones que se presentan como regeneradoras del tejido urbano quepa asignarles el atributo de creativas, dando a entender que han ido acompañadas de la radicación de industrias e instituciones en condiciones de proveer de bienes y servicios inmateriales. Objetivo: que las ciudades merezcan, por ejemplo, el título de smart cities, "ciudades inteligentes", para lo cual es preciso convertirlas en nicho de instituciones culturales de renombre y escenario para grandes eventos igualmente culturales, componentes clave para hacer de ellas núcleos hiperactivos de producción de imágenes y significados, que colocan el dinamismo intelectual, si es menester rupturista, al servicio de ideales universales, como son el capital humano, la sostenibilidad ambiental, el multiculturalismo, la calidad de vida, el humanismo tecnológico, el cosmopolitismo, la participación ciudadana, etc.

Ese protagonismo argumental asignado a la imaginación y la creatividad se corresponde con lo que está siendo la creciente desmaterialización de las fuentes de crecimiento económico, cada vez más envuelto de todo tipo de acompañamientos estéticos, informacionales, artísticos, semióticos, etc.

Pero para mí lo más interesante es la distinción entre "modelo" y "marca", y el ejemplo lo tienes en Barcelona y en el actual gobierno municipal de Ada Colau y Barcelona en Comú, que se presentó como alternativa a un gobierno de derechas que había promocionado Barcelona como "marca de ciudad". Me refiero al gobierno de Xavier Trias, mandando en la ciudad durante los últimos cuatro años (2011-2015). Lo interesante, digo, es que lo que ha hecho el nuevo gobierno de izquierdas actual es reclamarse heredero de esa época dorada del “auténtico modelo Barcelona” que la “marca Barcelona” había hecho malograr, puesto que el “modelo” era sobre todo un modelo moral y cívico, mientras que la "marca" implicaba una simple imagen de promoción de Barcelona como macroproducto de consumo. Esa asunción se planteó enseguida en forma de una declaración de lealtad histórica cuando, en marzo de 2015, dos meses antes de su victoria, proclamaba que Pasqual Maragall había sido el “mejor alcalde que había tenido Barcelona” (El Periódico, 23/3/2015). A partir de ahí, todo fueron elogios de la alcaldesa a quien calificaba de “visionario” y a la etapa que él presidiera no solo por parte suya, sino de su equipo, como cuando la teniente de alcalde de urbanismo, Janet Sanz, hacia el elogio del magnífico momento basado en el "consenso politico y profesional que conoció Barcelona en la década de los 80 y 90" (El País, 20/10/2015).

Es decir el "modelo" es la "marca" versión moralizante. El “nuevo municipalismo” de Ada Colau no es otra cosa que la restauración de la Barcelona imaginada por Pasqual Maragall. Lo que realmente distingue el “toque Maragall” es la dimensión moral del discurso en que se justifica, esa voluntad de “distribuir justicia a los abandonados”, esa voluntad de distribuir desde arriba “empoderamiento” a los de abajo, todo ese lenguaje altisonante y pretencioso propio del despotismo ilustrado de quienes mandaron en Barcelona acompañando a Maragall. Porque eso es lo que distingue el “modelo Barcelona” de la “marca Barcelona” en que convirtieron la capital catalana Clos, Hereu y sobre todo Trías: la profunda vocación "cívica" del primero, un lenguaje cargado de buenas intenciones sociales al servicio de una forma singular de capitalismo urbano, enrollado en lo cultural y paternalista en lo social, aunque acaso ahora cabría hablar más bien de maternal.



Canals de vídeo

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